Reflexión

 


“La mochila invisible”

Cada mañana, cuando salimos de casa, no solo llevamos una mochila con cuadernos y colores. También llevamos una mochila invisible.

En esa mochila guardamos nuestras emociones: alegría, miedo, enojo, ilusión, tristeza y esperanza. A veces está liviana y caminamos felices. Otras veces pesa mucho y nos cuesta sonreír.

Pero hay algo muy especial: cada vez que decimos palabras amables, ayudamos a un compañero, pedimos perdón o damos las gracias, nuestra mochila se vuelve más ligera. Y cuando gritamos, lastimamos o ignoramos a alguien, se hace más pesada.

Hoy pregúntate:

  • ¿Cómo está mi mochila invisible?

  • ¿Qué puedo sacar de ella?

  • ¿Qué cosas bonitas puedo guardar para que pese menos?

Recuerda: todos tenemos una mochila invisible. Sé amable, porque no sabes cuánto pesa la del otro.

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